miércoles, 28 de marzo de 2007

La Rioja y el Camero Viejo


A la bella Rioja le gusta que le llamen Veled Assikia.
Una cadena de montañas identificada de oidas por el griego Strabon como Idoubeda, y a la que Antillón llamó por primera vez Cordillera Ibérica, acompaña por el Sur al río Ebro en su camino hacia el mar.
Al pasar por La Rioja se separan del macizo lomo de la cordillera las estribaciones que, bajando al Norte hacia el Ebro, forman los siete valles riojanos.
Cada valle tiene su río. Los ríos se llaman, de Oeste a Este, pues es a contrasol como los toma el Ebro: Tirón, Oja, Najerilla, Iregua, Leza, Cidacos y Alhama. Son nombres con ecos moros, celtíberos, vascos y judíos que los ríos ceden, generosos, a sus valles.
Los ríos riojanos nacen entre los 1400 y los 2200 metros de altitud. Obligados a bajar a los 400 metros en los que los recibe el Ebro en recorridos no superiores a los 60 kilómetros, corren por sus valles creando multitud de arroyos y riachuelos.
Uno de los siete valles de La Rioja es el río Leza. Como todos los valles riojanos, tiene dos paisajes muy diferentes.
Por la zona alta, el agua del río corre prieta entre laderas empinadas por un lecho rocoso. En la zona baja, cuando ya oye cerca al Ebro, va entre colinas y tierras de aluvión. En la parte montañosa del Valle del Leza está encerrado el legendario Camero Viejo
Soto en Cameros en plena cabecera del valle, tiene innumerables valores ecológicos, paisajísticos y culturales de interés, hasta la fecha, en gran parte desconocidos. Todos los pueblos del valle destacan por su armonía y su excelente estado de conservación. El valor paisajístico más destacado lo ofrece el desfiladero de las gargantas de Leza, formado por este río, y que alberga una importante colonia de aves rapaces. También existe una serie itinerarios señalizados para visitar las huellas de dinosaurios como los de Soto, Hornillos y Cabezón de Cameros.
Dentro de este valle se encuentra uno de los mayores hayedos de La Rioja, el de Monte Real. Y destacan igualmente las dehesas de Torre y la de Torremuña. Estos bosques se encuentran en las zonas altas del valle desde las que se pueden contemplar espectaculares atardeceres.
Estos valores, entre otros, han servido para que esta zona fuera declarara por la Unesco en julio de 2003 reserva de la biosfera.


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